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martes, 1 de diciembre de 2015

Museos en guerra: El Louvre

Entre 1940 y 1944, París sufrió la mayor ocupación de su historia por parte de las tropas nazis. Ya en 1938, cuando dicha ocupación se intuía, los responsables de la Dirección de los Museos Nacionales Franceses diseñaron planes para poner a salvo sus principales obras de arte de mano de los nazis, ya que se temían saqueos y bombardeos.
Jaques Jaujard, director de Museos Nacionales Franceses, ordenó el traslado de varias obras de arte del Louvre, entre las que se encontraban "La balsa de la Medusa", "La Gioconda" o "La Venus de Milo". Se puso mucho cuidado en esta labor para que las obras no se dañaran y, en ocasiones, tuvieron que usar verdaderas obras de ingeniería para trasladar, en este caso, las esculturas a los camiones que las esperaban para su mudanza, siendo "La Victoria de Samotracia" la obra que más costó sacar del Louvre. Entre finales de agosto de 1939 y mediados de diciembre del mismo año, 37 convoyes se llevaron del Louvre 3.690 obras de arte, trasladándolas a lugares alejados de las ciudades y de las líneas de tren.
Pero, sin duda, la pieza que más se mimó y cuidó fue "La Gioconda", y también fue la que más traslados sufrió. Durante la noche del 28 de agosto de 1939 abandona el Louvre empaquetada, montada encima de la camilla de una ambulancia y alojada en la parte trasera de un camión. La caja del camión iba sellada, para que la atmósfera no pudiera dañar la pintura e iba acompañada por una persona con el fin de vigilarla y evitar que sufriera algún daño. Al viajar en una atmósfera tan cerrada, su vigilante llegó al destino en un estado de semiinconsciencia. Primero se trasladó el cuadro al castillo de Chambord en el Loira, después al convento de Loc-Dieu en Louvigny, de allí pasó al museo de Montauband y finalmente terminó en el castillo Montal en Lot. En este periplo, el cuadro siempre estuvo acompañado por personal especializado, que incluso dormía en la misma habitación que la pintura.
El Louvre reabrió sus puertas al público el 1 de octubre de 1940, con un París ya ocupado. Sólo se podía visitar la planta baja y faltaban sus grandes obras maestras, aunque algunas, como "La Venus de MIlo", fueron sustituidas por réplicas de yeso. Como curiosidad, los ciudadanos alemanes tenían el acceso gratis, mientras que los franceses tenían que pagar.
Los nazis tuvieron un intento de acercamiento diplomático al museo, ya que defendían el principio de que había que devolver las obras de arte a sus países de origen, así que reclamaron varias obras valiosas del Louvre, como la decoración del altar de Busel. La respuesta francesa fue pedir ocho obras de Watteaus a cambio, que pertenecían a exposiciones públicas de Berlín y Dresde. Finalmente no se llegó a ningún acuerdo y la diplomacia nazi terminó en una vía muerta. Supongo que entendían que eran los demás los que tenían que devolver las obras de arte a sus países de origen.
Aunque es cierto que, durante su paso por Francia, los nazis respetaron las colecciones de arte públicas, pero no así las privadas. Había una división encargada de confiscar piezas de arte de colecciones privadas judías. Dichas piezas se empezaron a llevar a la embajada alemana en París pero, al faltarles espacio, empezaron a trasladar todo al Louvre y tres salas del museo fueron convertidas en oficinas del ejército alemán. Las obras de arte más valiosas se llevaron a Alemania, mientras que muchas otras fueron vendidas en el mercado internacional o quemadas en los jardines de Tullerías.
Al finalizar la guerra, el Louvre se fue abriendo de manera gradual entre los años 1945 y 1947, con sus principales obras maestras ocupando sus lugares habituales. En cuanto a las obras de arte robadas que aún permanecían en el museo, muchas fueron devueltas a sus legítimos propietarios o a sus familiares. El gobierno francés custodió las obras que no fueron reclamadas, guardándolas en el museo en espera de la aparición de sus dueños. Hoy en día, aún hay obras de arte esperando en el Louvre a ser reclamadas.

Museos en guerra: El Prado

"El Museo del Prado es más importante para España que la República y la Monarquía juntas... Calcule usted qué sería si los cuadros desapareciesen o se averiasen gravemente, un gran bochorno. Tendría usted que pegarse un tiro." Estas palabras se las dijo Azaña a Negrín en una conversación telefónica en el año 1937, y con esta premisa de que las obras de arte eran más importantes que una guerra, se hizo un gran esfuerzo durante los tres años que duró la contienda para salvar los objetos más valiosos del patrimonio artístico español.
Al poco de estallar la Guerra Civil en España, el 23 de julio de 1936, se creó la Junta de Defensa del Tesoro Artístico, por iniciativa del escritor José Bergamín y de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Dicha Junta intervenía directamente en palacios, iglesias o museos para inventariar y trasladar las obras de arte a depósitos acondicionados para su conservación. A veces esta labor se encontró con obstáculos, debido a los resquemores y recelos de la población, especialmente cuando se intervenía en espacios eclesiásticos o en colecciones privadas.
El Museo del Prado cierra sus puertas de manera preventiva el 30 de agosto de 1936 y se trasladan sus obras más valiosas al sótano, ya que se considera el lugar más seguro del museo ante un posible ataque. Poco después comienza la "Batalla de la Ciudad Universitaria", que se prolongará durante tres años y varios puntos de la capital se empiezan a ver afectados por el conflicto bélico. Por ejemplo, el Museo de Arte Moderno o la Academia de San Fernando sufren ataques aéreos y también El Prado, especialmente su fachada principal.
Ante esta inseguridad, el 5 de noviembre de 1936 se ordena la evacuación de las principales obras del Museo del Prado. Los responsables de dicha evacuación serán Josep Renau, director general de Bellas Artes; y el arquitecto Vaamonde. El destino de las obras de arte será Valencia, que es dónde se había trasladado previamente el Gobierno de la República y serán trasportadas por camiones militares, una vez que hayan sido embaladas y metidas en cajas especiales. Dicho trayecto no estuvo exento de contratiempos, por ejemplo, cada camión tardaba una media de 24 horas en llegar a Valencia, ya que, por precaución, los vehículos no podían superar los 15 kilómetros por hora. Tampoco contaron con algunas condiciones adversas que se dieron durante el camino, como que los camiones cargados con los cuadros no cabían por debajo del puente de Arganda, teniendo que ser los lienzos llevados a pulso en este punto del trayecto.
Traslado de "Venus recreándose en la música" de Tiziano
Una vez en Valencia, los cuadros se depositaron el las Torres de Serranos y en la Iglesia del Patriarca, edificios que habían sido fuertemente protegidos contra posibles bombardeos. Pero Valencia empieza a ser objetivo de las tropas rebeldes, así que en 1937, se vuelven a trasladar las obras de arte, esta vez a la Mina de Negrín en Gerona, dónde quedan depositadas en un espacio situado a 250 metros de profundidad y perfectamente acondicionado, y allí permanecen hasta que, el 3 de febrero de 1939, se produce un acuerdo entre el Gobierno de la República y la Sociedad de Naciones para la salvaguarda del patrimonio español, dando como resultado el traslado de los cuadros del Museo del Prado a Ginebra (Suiza).
El 12 de marzo de 1939 comienza el traslado al país helvético en un tren especial que atravesará Francia. En este viaje sucedió el peor contratiempo de todos los traslados que sufrieron los cuadros: una vez en Ginebra, el camión que transportaba "La carga de los mamelucos" de Francisco de Goya chocó contra un balcón y el cuadro quedó seriamente dañado. Fue reparado a duras penas, pero no se pudieron solventar todos los daños.
Al terminar la guerra, Franco considera que la República ha cometido un expolio y exige a Ginebra la devolución inmediata de los cuadros, por medio del muralista Josep Maria Sert. En Ginebra se celebra una exposición con las obras de El Prado y, al finalizar ésta, devuelven los cuadros a España. La Sociedad de Naciones reclamó los costes de los traslados a Franco, quién nunca atendió las peticiones y, por lo tanto, se negó siempre a pagar esa deuda, a pesar de que en el acuerdo firmado en febrero de 1939, se dejaba claro que España se encargaría de todos los costes.
Así que se acusa de expolio a quién intentó proteger el patrimonio nacional, mientras que el acusador era el que lanzaba bombas a los museos, sin importarle si había cuadros dentro o no. Sea como fuere, lo único positivo de todo esto es que hoy en día podemos ir a El Prado y seguir disfrutando de Velázquez, Goya, El Greco, Tiziano o Rubens.

martes, 6 de octubre de 2015

El robo del siglo

Así denominó la prensa de la época al robo del celebérrimo cuadro de Da Vinci, "La Gioconda", perpetrado en 1911. Lo que tiene de peculiar este robo, además de la facilidad con la que se llevó a cabo, fue que contó con unos famosísimos sospechosos como el poeta surrealista Apollinaire o el pintor cubista Pablo Picasso.
El 21 de agosto de 1911 a las 7 de la mañana, un ex empleado del Museo del Louvre, que en ese momento trabajaba como carpintero, de nombre Vicenzo Peruggia, descolgó "La Gioconda" de su lugar habitual y en la escalera Visconti retiró la tabla del marco, abandonando éste último allí mismo. De esta manera y con toda la tranquilidad del mundo, salió del museo con el cuadro escondido bajo la ropa. Horas más tarde, el pintor Louis Beroud se percata de que el cuadro no está en su sitio y avisa a las autoridades, permaneciendo el museo cerrado durante una semana, debido a las investigaciones policiales.
El 6 de septiembre de 1911 se detiene al escritor Guillaume Apollinaire, sospechoso porque había propuesto la quema del museo, ya que era de la opinión de que allí se "encarcelaba el arte". Pasó tres días detenido y mencionó a su amigo Pablo Picasso por su posible implicación, cuatro años antes, en el robo de unas estatuillas íberas. Así que se detuvo también a Pablo Picasso, el cual confirmó que poseía dos de esas estatuillas, pero que se las había comprado por 50 francos al aventurero belga Honore-Joseph Gery Pieret, al cual también se detuvo. Se demostró que Pieret había robado ciertas piezas del Lovre unos años antes, pero que nada tenía que ver con el robo de "La Gioconda", así que los tres sospechosos fueron puestos en libertad.
Vicenzo Peruggia
El cuadro se recuperó un par de años después en Florencia, cuando Peruggia intentó vendérselo a Alfredo Geri, director de la Galería de los Uffizi, quien llamó a la policía e hizo posible la detención de Peruggia. Éste alegó que robó "La Gioconda" para devolverlo a la patria a la que pertenecía, ignorando, parece ser, que el propio Leonardo Da Vinci le había regalado el cuadro al rey Francisco I cuando éste le hizo pintor de la corte francesa. Durante el juicio, Peruggia volvió a alegar los mismos motivos patrióticos para justificar su robo, añadiendo además que había sido víctima de la xenofobia francesa durante su periplo en París. Esos motivos patrióticos se tuvieron en cuenta y Peruggia fue condenado solamente a un año y quince días de cárcel, saliendo a la calle cuando cumplió la mitad de su condena.
Pero hay más misterios detrás de este robo, ya que no se sabe con certeza si Peruggia actuó solo o por mandato de alguien. En 1931, el comerciante argentino Eduardo Valfierno, le confiesa a un periodista estadounidense que él convenció a Peruggia para que robase el cuadro y que vendió 5 falsificaciones, hechas por el pintor Yves Chaudron, a un precio muy elevado.
Pero bueno, sin duda, el mayor misterio tras este robo es saber con certeza si el cuadro que se exhibe hoy en día en el Louvre es el original, ya que muchos pintores estás convencidos de que se trata de una copia. De lo que no cabe duda es que este robo le dio a "La Gioconda" la fama y el reconocimiento definitivo que ha llegado hasta nuestros días.